En el último festival Velopark, el público que llenó las gradas no solo presenció otra etapa del arranconismo brasileño. Vivieron uno de esos raros momentos que explican por qué el automovilismo es tan cautivador y por qué ciertas historias trascienden generaciones.
La final de los Promods hizo historia al enfrentar a dos hermanos que llevan el dragster en la sangre: los hermanos Júlio. No fue solo una competición por un trofeo. Fue familia, legado, poder y emoción, todo alineado en la misma recta.
A un lado, el Camaro de Márcio Júlio; al otro, el clásico e igualmente aterrador Chevelle de Cris Júlio, que combina tradición y tecnología, también impulsado por un V8 capaz de hacer temblar el suelo. Cuando los dos coches entraron en la zona de burnout, Velopark lo sintió. El profundo rugido resonó por la pista, vibró en las gradas y emocionó a quienes conocen la verdadera experiencia de las carreras de aceleración.
En ambos proyectos, el sistema de gestión electrónica Injepro T20K desempeñó un papel esencial. Controlando ambos coches, fue responsable de gestionar con precisión y fiabilidad el funcionamiento de los motores V8. En una final de alto nivel como esta, garantizó una gestión eficiente de la inyección, el encendido y otras estrategias, permitiendo que cada coche ofreciera un rendimiento consistente de principio a fin. El resultado demostró su versatilidad y capacidad para satisfacer las diferentes necesidades del proyecto, manteniéndolos competitivos y alineados al más alto nivel del drag racing.
La salida fue impresionante. Dos Promods extremadamente bien afinados, reacción precisa, potencia al límite y un respeto absoluto entre los pilotos. Durante toda la carrera, los hermanos corrieron prácticamente juntos, demostrando que no solo había competencia, sino también armonía, una historia compartida y años de dedicación al deporte. Cada cambio de marcha, cada metro ganado, cargaba con el peso de una trayectoria forjada en la pista.
El festival Velopark ya es conocido por reunir a algunos de los coches más potentes del país, equipos de élite y un público apasionado. Pero esa final fue diferente. Fue el tipo de carrera que no se mide solo por el cronómetro. Se midió en el silencio antes de la salida, en el rugido del público tras la vuelta y en las miradas emocionadas en la vuelta de regreso.
Para el legado de Injepro, esta final representa precisamente lo que buscamos celebrar: no solo potencia pura, sino historias significativas que inspiran y demuestran que el automovilismo va mucho más allá de las cifras. Se trata de personas, familia, pasión y el deseo constante de ir más rápido sin olvidar de dónde vienes.
El Camaro de Márcio Júlio y el Chevelle de Cris Júlio no solo compitieron en una final. Escribieron otro capítulo de una historia que el tiempo no borra; al contrario, la hace crecer. 🏁🚀🔥




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